AMPELOGRAFÍA: LEER LA VID PARA ENTENDER EL VINO
Fuente: Diana Villanueva | Publicado: Abril 24, 2026
Como parte de mi desarrollo educativo y profesional en la industria vitivinícola, hace algunos años decidí explorar líneas de formación más allá del análisis sensorial. Mi curiosidad me llevó hacia enfoques técnicos, culturales y científicos, con la intención de comprender el vino desde una perspectiva más integral. Porque entender el vino no comienza en la copa, sino en su origen, y con con la protagonista de esta industria: la vid.
Dentro de este camino, hubo una disciplina que captó por completo mi atención y que continúa fascinándome: la ampelografía de la Vid. La palabra proviene del griego ampelos (vid) y graphos (escritura). En esencia, es la disciplina que describe y clasifica las variedades de vid a partir de sus características visibles: hojas, sarmientos, racimos y bayas. Lo que históricamente fue un ejercicio de observación detallada, hoy se complementa con mediciones precisas y e incluso con marcadores de ADN. Su importancia es fundamental, pues permite identificar variedades, aclarar identidades, proteger los recursos genéticos y garantizar la autenticidad tanto de los vinos como de su material vegetal. En conjunto, es una pieza clave en la conservación del patrimonio vitícola (OIV, 2019). Desde 1873 existen normas internacionales para su estudio, y actualmente se utilizan alrededor de 150 descriptores que abarcan desde brotes y hojas, hasta racimos, bayas y madera. En este contexto, la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) estableció un protocolo de identificación de variedades mediante su resolución OIV-VITI 609-2019 (OIV, 2019).
A pesar de los avances tecnológicos, la ampelografía y su observación de la vid en campo sigue siendo el primer filtro en la identificación varietal. Permite recuperar variedades autóctonas o silvestres, detectar errores de etiquetado, apoyar procesos de certificación clonal y conectar el material vegetal actual con descripciones históricas. En el caso de vides silvestres, incluso aporta herramientas para identificar cultivares con potencial de adaptación frente al cambio climático (This et al., 2006). Uno de los ejemplos más emblemáticos de su relevancia es la identificación de la uva Carmenere en Chile. A finales de 1994, el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot la identificó en el Valle del Maipo, particularmente en Viña Carmen, demostrando que lo que durante décadas se había cultivado y promovido como Merlot correspondía, en realidad, a Carmenere.
Su investigación comenzó precisamente al observar diferencias en los brotes y flores, lo que lo llevó a concluir que se trataba de esta variedad de origen en Burdeos que se consideraba extinta en su lugar de origen (Martínez, 2018). Otro ejemplo más cerca de nosotros, en Baja California, es el caso igualmente revelador con la llamada “Nebbiolo mexicana”. Durante años, esta variedad fue identificada y comercializada como Nebbiolo; sin embargo, estudios ampelográficos y genéticos realizados por la Universidad de California, Davis, determinaron en 2021 que en realidad corresponde a la variedad italiana Lambrusca di Alessandria (De la Fuente, 2021).
En Francia se encuentra la colección ampelográfica más grande del mundo, ubicada en el INRAE, en Montpellier. Aquí se conservan registros de una vasta diversidad de variedades, portainjertos, híbridos y especies relacionadas con vitis vinifera (INRAE, s.f.), lo que permite a los investigadores consultar, comparar y complementar con sus propios casos de estudio. En esta misma línea, la OIV, en colaboración con el INRAE, impulsa uno de los programas formativos más especializados a nivel internacional: el curso, que se lleva a cabo cada dos años en un país distinto, reúne a científicos, investigadores, académicos, entre otros, con el objetivo de fortalecer la identificación de variedades en campo y su comprensión a través de análisis científicos en laboratorio (OIV, s.f.).
Motivada por esta búsqueda constante de aprendizaje, decidí aplicar al Cours International d'Ampélographie de l'OIV, donde fui seleccionada para formar parte de su edición en Chile 2023. Fui la primera mexicana en participar en esta formación, y pude apreciar el nivel y la trayectoria de mis compañeros de curso: científicos, investigadores, académicos quienes, además de su trayectoria y experiencia, compartieron una gran calidad humana. Hasta hoy, muchos de ellos se han convertido en grandes amistades. Sin duda, una experiencia muy significativa que marcó mi camino profesional y reafirmó mi interés por seguir aprendiendo y compartiendo el conocimiento del vino desde diversos enfoques. Así, la ampelografía ha evolucionado de estar basada en la observación del ampelógrafo a ser una disciplina cuantitativa y estandarizada, apoyada en herramientas como la ampelometría, los marcadores moleculares y, más recientemente, la inteligencia artificial. Sin embargo, su esencia permanece intacta: observar la vid en campo, leer su estructura e interpretar sus formas sigue siendo el punto de partida para comprender, identificar y garantizar la autenticidad del vino. Porque entender el vino, es aprender a leer la vid.



