EL MUNDIAL 2026: ¿Y SI MÉXICO TAMBIÉN SE VUELVE UN REFERENTE DE GASTRONOMÍA SOSTENIBLE?
Fuente: Erica Valencia, Directora General de Ectagono, Ectarea y México por el Clima | Publicado: Marzo 13, 2026
El Mundial de 2026 traerá a México millones de visitantes, atención global y una oportunidad única de mostrar quiénes somos como país. Pero más allá de los estadios, los partidos y las celebraciones, hay una pregunta mucho más interesante que deberíamos hacernos desde ahora: ¿qué historia queremos que el mundo recuerde cuando piense en México?
Porque los grandes eventos internacionales no solo se miden por su organización o por la emoción del deporte. También se recuerdan por la identidad que un país decide proyectar.
Y en México, una de nuestras expresiones más poderosas es la gastronomía.
Nuestros restaurantes son mucho más que lugares para comer. Son espacios donde convergen territorio, cultura, creatividad y comunidad. Cada plato cuenta una historia: de dónde viene el alimento, quién lo produce, qué paisaje lo hizo posible.
En la Ciudad de México esa historia comienza, muchas veces, fuera de la ciudad misma.
Pocas personas saben que casi el 60% del territorio de la Ciudad de México es suelo de conservación: bosques, zonas agrícolas, humedales y ecosistemas que sostienen la biodiversidad, capturan carbono y permiten la recarga de los acuíferos que abastecen de agua a la metrópoli. En ese mismo territorio sobreviven sistemas agrícolas milenarios como las chinampas, que siguen produciendo alimentos frescos para la ciudad.
Sin embargo, ese territorio enfrenta presiones constantes: expansión urbana, abandono del campo y una desconexión creciente entre quienes habitamos la ciudad y los territorios que sostienen nuestra alimentación.
Aquí es donde la gastronomía puede jugar un papel mucho más relevante del que normalmente imaginamos.
Los restaurantes pueden convertirse en un puente entre la ciudad y su territorio vivo. Apostar por ingredientes de temporada, fortalecer cadenas de proveeduría locales, reducir desperdicios y reconocer el valor de los productores no es solo una decisión culinaria: es también una decisión cultural, ambiental y económica.
Pero también es una oportunidad narrativa.
Los chefs y las cocinas tienen la capacidad de dar visibilidad a las historias del territorio: contar de dónde vienen los ingredientes, quién los cultiva, qué ecosistemas los sostienen. Integrar en la experiencia gastronómica a toda la cadena —productores, agricultores, pescadores, comunidades y saberes tradicionales— no solo enriquece el plato, también fortalece la conexión entre quienes comen y el territorio que lo hace posible.
Cuando la gastronomía se conecta con el paisaje y con quienes lo cuidan, también abre la puerta a nuevas experiencias de ecoturismo, cultura y aprendizaje. Imaginemos visitantes que no solo llegan al país por el fútbol, sino también para descubrir rutas gastronómicas vinculadas con paisajes agrícolas, ecosistemas restaurados y comunidades que preservan saberes culinarios.
Experiencias donde la comida se convierte en una puerta de entrada para entender la relación profunda entre naturaleza, cultura y ciudad.
Rumbo al Mundial, México tiene una oportunidad extraordinaria para demostrar que la hospitalidad del futuro no solo se mide por la calidad del servicio, sino por la conciencia detrás de lo que servimos.
Si lo hacemos bien, quienes visiten nuestro país no solo recordarán los partidos.
También recordarán una gastronomía que honra su tierra, reconoce a quienes la cultivan y celebra la biodiversidad que la hace posible.
Y esa podría ser una de las historias más poderosas que México tenga para contarle al mundo.
Por Erica Valencia, Directora General de Ectagono, Ectarea y México por el Clima



